AL BUEN EMPRENDEDOR… POCAS PALABRAS

por: Martha Nieto
Trabajaste como loco para crear tu negocio: jornadas de 16 horas, fines de semana que no lo parecían, vacaciones y reuniones familiares sin ti, navidades apenas disfrutadas. Y después de muchos años por fin empiezas a ver la luz al fondo del túnel. Todo el esfuerzo, energía, dinero, horas extras empiezan a traducirse en ventas: ¡EL NEGOCIO DESPEGÓ!
Volteas a ver la carretera que recién transitaste y te das cuenta del tiradero que has dejado a tu paso. Es hora de enmendar y remendar tus relaciones familiares, tu vida social y tu propio ser. ¿Por dónde empezar?
Los emprendedores natos solemos vivir de forma diferente: asignamos el tiempo en función de prioridades que solo existen en nuestra mente, nos preocupamos de sucesos que aún no ocurren, nos detenemos a innovar durante horas hasta lograr que la etiqueta de cartón que queremos ponerle al nuevo producto quede perfecta.
Debido a nuestra deficiente nutrición y al poco cuidado que damos a nuestra salud es probable que padezcamos de alguna “itis”: gastritis, colitis, de insomnio o de urticarias inexplicables, de contracturas musculares que no se quitan con nada… la lista es grande. Pero, cuando vemos esa lucecita al fondo del túnel, sabemos que todo valió la pena. En ocasiones, quienes nos acompañan a lo largo de este proceso tienen problema para entendernos y darnos el espacio que necesitamos. Solo un emprendedor puede entender profundamente a otro. Como quienes comparten un mismo padecimiento.
Sin embargo, en aras de darle continuidad a tu creación es importante que te detengas a reflexionar y a tomar algunas decisiones importantes.
Te enamoras, te casas o te unes, llegan los hijos. De alguna manera encuentras el tiempo para dedicar a la vida familiar aunque nada te distrae de tu proyecto de vida empresarial. ALTO… toma un respiro y date un tiempo para visualizar tu futuro.
En pocos años, tus hijos decidirán lo que quieren estudiar y definirán su vocación. Si tú no estás presente en sus vidas es probable que opten por alguna disciplina o pasión que alguien más les haya acercado. ¿Qué te parece si eres tú quien les acerca esa pasión dándoles a conocer tu empresa? Y, ¿qué tal si les cuentas de tu pasión por tu negocio, por qué lo iniciaste, qué es lo que te gusta de tu trabajo diario?
Es importante que les des la oportunidad de conocer lo que tú haces y de involucrarse en la empresa trabajando durante el verano o en las vacaciones. No dejes pasar la oportunidad de mostrarles tu creación y de compartirles tu pasión emprendedora. Más adelante, cuando elijan lo que quieren estudiar tendrán más opciones de dónde elegir.
Un emprendedor puede identificar a otro emprendedor con solo observarlo y escucharlo. ¿Sabes si tus hijos tienen esa pasión emprendedora? Si la has detectado, ¿qué puedes hacer para motivarlos? Y si no la tienen, ¿de qué manera puedes entusiasmarlos con el proyecto de tu empresa?
Esto es solo el comienzo de la sucesión, del legado que dejarás a tus hijos cuando necesites entregar el mando. Empieza a planear desde hoy qué haras con tu empresa cuando te retires; recuerda que nuestros hijos no nos pertenecen y no están obligados a continuar con la empresa familiar. La sucesión resulta exitosa solo si ellos eligen por convicción propia acompañarnos en el camino y hacerse cargo en el futuro. Pero nadie puede elegir un proyecto de vida que no conoce.
Por otro lado, si tienes más de un hijo o hija y todos quieren trabajar en la empresa familiar (felicidades, lo lograste), tendrás que decidir quién de ellos será el director y, para ello, debes conocerlos bien. Acompáñalos en su crecimiento y enséñalos a establecer entre ellos los lazos de colaboración y no de competencia. El trabajo en equipo familiar es la base de la continuidad de la empresa.
Primero la familia… después la empresa familiar.
